Studio Ghibli: Mi Vecino Totoro
Mi vecino Totoro es un relato con una estructura simple y con un desarrollo también poco recargado, pero con un trasfondo o moraleja elaborada y brillante. En la historia se nos presenta una pequeña familia compuesta por dos niñas imparables que junto a su padre van en busca de su nueva casa, un hogar internado en una zona boscosa; así pues poco a poco, las pequeñas irán tomando contacto con su nueva casa… y con los seres que habitan en derredor. Uno de los puntos más interesantes de toda la trama es la similitud que puede obtenerse entre Mi Vecino Totoro y el relato A través del espejo de Lewis Carrol, pues en ambos casos son niñas las que hacen un viaje desde el mundo real hasta un mundo maravilloso en el que seres mágicos campan a sus anchas. Por no hablar del papel atribuido al Gatobús, del que hablaremos más adelante.
Un elemento importante dentro de la historia es la mitología y espiritualismo que impregna cada comportamiento y gesto de las niñas: Mei la más pequeña (4 años) y Satsuki la mayor (11 años); Es muy interesante el respeto y admiración que tanto ellas como Tatsuo, el padre, muestran por todo elemento de la madre naturaleza, son puntos de ruptura culturales, que en mi caso por lo menos, resultan sorprendentemente admirables.
Pero vayamos a la parte más brillante de todo el relato, Totoro; Mei se encuentra felizmente distraída, maravillándose de pequeños elementos que pueblan su jardín cuando, sin mayor sorpresa, distingue entre las hierbas a un pequeño ser de pelaje blancuzco y con grandes ojos, que marcha a paso firme en dirección a la casa, ella divertida le sigue y este rápidamente al percibirlo se escabulle hasta esconderse bajo los pilares del hogar. Mei consigue divisarlo y le persigue a través del bosque, internándose por un agujero entre los arbustos la pequeña termina cayendo por un hueco en el suelo, en su caída acaba rebotando sobre el enorme y suave estómago de Totoro. Éste que dormita apenas percibe lo que ha ocurrido, lo que alegra a la niña, es esta escena la más entrañable de todo el film pues no deja de ser el contacto de un ser puro e inocente, con otro mucho más salvaje en apariencia, pero igualmente tierno en alma.
Es Totoro uno de los espíritus del bosque, entes protectores de la naturaleza que mantienen su poderío y esplendor a través de los tiempos. A lo largo del largometraje las niñas van teniendo encuentros con los tres Totoro, aunque es el más grande el que adquiere ese nombre como distintivo, los dos más pequeños no tienen nombre definido en el metraje. Estos seres son el punto de soporte de las niñas, que en momentos de incertidumbre son auxiliadas.
La hermosa banda sonora corre a cargo del maestro Joe Hisaishi, quien se ha ocupado a lo largo de todos estos años, de componer las hermosas piezas que arropan los largos del afamado Studio Ghibli; en ciertos momentos ser perciben pinceladas de lo que sería casi diez años más tarde uno de los temas principales de la irrepetible La Princesa Mononoke.
Al igual que en otros films de Studio Ghibli, en éste conviven dos ramas troncales, una de vida real unida al compromiso y la maduración, y otra unida a la fantasía y la diversión (a lo mágico).
En Mi Vecino Totoro la historia cruda, por llamarla de algún modo, está representada por la madre de las dos protagonistas; ésta se aparece en un hospital internada, mujer amable y de complexión débil que solo desea acompañar a sus hijas en una convivencia familiar pero que por designios del destino le es imposible. Desde ahí surgen complicaciones que precisan de la intervención de Totoro y sus asociados para ser resueltas. Aparece como personaje activo el Gatobús, una especie de gato enorme, que sirve de transporte para los espíritus del bosque y que emula al sonriente Cheshire de A través del espejo. Actualmente en el Museo Ghibli que se encuentra en la ciudad nipona de Nitaka, se proyecta un exclusivo cortometraje titulado Mei y el Gatobús, que narra una historia años después de lo acontecido en Mi vecino Totoro donde la más pequeña de las hermanas tiene algunas aventuras con un jovencito y alocado Gatobús.
Por lo tanto los dos elementos contrapuestos de realidad y ficción no dejan de estar intrínsecamente unidos, lo que dota al relato de una fuerza mucho mayor. Es muy interesante conocer que cuando Mi vecino Totoro se estrenó, la película estaba unida a la proyección de La tumba de las Luciérnagas, un relato de Isao Takahata que desgrana las venturas y desventuras de una pareja de hermanos, el mayor Seita y la pequeña Setsuko, que sufren multitud de calamidades hasta llegar a un final desolador; Mi vecino Totoro era el apoyo que los espectadores necesitaban para soportar los catastrofismos de La tumba de las Luciérnagas, y así volver enteros a sus hogares.
Tal fue el éxito de la película que desde entonces, Totoro es la imagen corporativa de Studio Ghibli, todo un honor para un personaje mudo que logra remover sentimientos de alegría y bienestar en todo aquel que contempla su ancha y mágica figura.
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