En la silla de Woody Allen: La suerte de seguir vivo

“Los buenos momentos son realmente especiales, pero siempre se desarrollan sobre un telón de fondo que nunca deja de ser misterioso y sombrío”

 Las palabras que abren este artículo son la absoluta definición del carácter de ese pequeño y agazapado judío pelirrojo, que a sus ya setenta y cinco años sigue mirando a través de sus gafas de pasta un mundo que considera peligroso y descorazonador. Allan Stewart Königsberg lleva brindándonos película por año desde prácticamente su primer film “What’s up, Tiger Lily?” en 1966. Son ya cuarenta y cinco años en la industria cinematográfica y concretamente cuarenta y dos películas, y ya hay noticias de su próximo proyecto. Con esto quiero decir que la presencia de Woody Allen ha sido percibida sin interrupciones por públicos de distintas edades a lo largo de distintas épocas. A sí mismo su cine ha ido evolucionando o mejor dicho, reconstruyéndose a sí mismo a través de la sustitución de unos elementos por otros.

 En 1986 Jean-Luc Godard elaboró “Meeting W.A.” un video documental de veinticinco minutos donde se ve una entrevista entre los dos directores. En éste proyecto, Godard se refiere al director neoyorquino como un “pájaro negro, pues son los únicos que han salido del campo para seguir a los hombres a la ciudad”. De éste modo es retratado Allen como un director modesto, centrado en el trabajo de producción audiovisual como un proceso de creación artística que comienza en la maravillosa y utópica idea de génesis de guión y que termina degenerando hasta el montaje final de la película. Así lo expresa Allen ante el director francés diciendo: “Yo jamás veo un film mío después de haberlo terminado. Nunca he visto ninguno de ellos porque me siento muy decepcionado. Lo maravilloso es tener la idea”

Nos fijaremos en la evolución de éste filosófico y particular retrato de la vida y la inestabilidad de la misma a través de estos tres filmes seleccionados como son “Manhattan” (1979), “Misterioso asesinato en Manhattan” (1993) y “Match Point” (2005).

“El cine es un lugar donde bloquear la terrible verdad de la realidad”

Durante el visionado de “Manhattan” contemplamos las idas y venidas de Jack (personaje interpretado por Allen) en el revoltoso y caótico mundo de las relaciones humanas, como dice el propio personaje al final de la película mientras se mantiene un primer plano fijo de una cinta de radiocasete: “sobre las gentes de Manhattan, que se están creando constantemente verdaderos e innecesarios traumas neuróticos, porque eso les libra de enfrentarse a otros problemas de carácter universal de más difícil solución”. Con esta frase, que nos viene dada como el regreso del narrador que habíamos conocido en la introducción a la película unido al modo de presentarla sobre la imagen fija de una grabadora, nos llama a identificar que sin duda esa es la idea principal de la película.

“Manhattan” es diálogo, conversación pura. Casi todo el metraje está copado por largas conversaciones, no hay tregua. Los diálogos se desarrollan de modo que poco a poco vamos conociendo más y más de la vida en la metrópolis neoyorquina. Los travellings se suceden una y otra vez mostrando paseos por las aceras de la ciudad o incluso en el interior de algunos establecimientos. La luz natural cobra total protagonismo pues en las escenas nocturnas sobretodo siempre podremos ver aquello que las luces de la ciudad nos vayan permitiendo, en algunas ocasiones vemos a los personajes sin problemas y en otras tan sólo sus siluetas o puede que la oscuridad casi absoluta son lo único que podamos distinguir en el encuadre.

“Me acordé de aquel de aquel viejo chiste, ya saben, es la historia de aquel tipo que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina”, y el doctor le responde: “¿Por qué no lo interna?”, y el hermano replica: “Lo haría, pero necesito los huevos”. Pues bien, así es poco más o menos como suelo ver las relaciones. Completamente irracionales, locas y absurdas; pero creo que las mantenemos porque… la mayoría de nosotros necesitamos los huevos”

Es verdad que Allen coge del mundo aquello que le interesa desechando elementos prescindibles para así poder crear otra realidad distinta, más o menos agradable. Los protagonistas son personas normales y corrientes, que tienen problemas como los puede tener cualquier ser humano, y además tienen conversaciones que muchos de nosotros hemos tenido o tendremos en el transcurso de nuestras vidas.

 Y no me refiero a cuestiones intrascendentes sino a diálogos realmente escatológicos en los que el sentido de nuestra existencia es el punto de atención, una vida llena de afinidades y desacuerdos, de nuevas incorporaciones y de rupturas, de nacimientos y entierros. Pero ante todo y sobre todo, la vida es un camino por el que tenemos que pasar intentando siempre ser felices, Allen dice así que: “Una mujer es todo lo que llegaremos a conocer del paraíso terreno”. Y es por eso que en sus películas, ese ansiado cáliz de felicidad se alcanza a través de las relaciones entre nosotros y aquellos que nos rodean. Son las películas de Woody Allen una muestra de lo que la continua y casi psicótica necesidad de sociabilidad y cariño entraña para el ser humano. Y el amor es el tema central de esas relaciones de interacción entre nosotros, el sentirse querido por otro como no lo es por el resto.

En “Misterioso asesinato en Manhattan” está presente otro tipo de relación totalmente distinta entre los protagonistas pues el tiempo que han pasado juntos a lo largo de los años ha afianzado la relación, sabemos que han tenido posibilidad de ser infieles el uno al otro y aún así han decidido no serlo. Mientras que en “Manhattan” se veía un tipo de sentimiento afectivo superficial, en la película de 1993 esto cambia para buscar la profundidad y la esperanza de una relación duradera y firme, que pasa por sus malos momentos, pero que aguanta hasta el final.

 Relativo al sexo, es mencionado varias veces a lo largo del metraje como no podía ser de otro modo, pero es tratado con delicadeza sin duda. En primer lugar surge cuando Carol (Diane Keaton) pregunta a Larry (Woody Allen): “¿Con qué frecuencia harán el amor? / Pues con la forma física que tienen seguramente con más frecuencia que nosotros (…) Seguramente llegarán a una vez por semana” Es un punto de visto mucho más romántico que pasional acerca del sexo, algo a lo que Allen no nos tenía muy acostumbrados.

 “Match Point” es una vuelta de tuerca a todo este entramado del amor, la pasión y la fidelidad. Chris llegado un punto de descontrol absoluto en el que se ve obligado a tomar la “decisión correcta” respecto a su conexión con Chloe y con Nola, confiesa a su compañero lo siguiente: “Es una locura. No veo un verdadero futuro con esa otra mujer. Y tengo una vida muy cómoda con mi esposa. Yo no digo que no la quiera, pero no del mismo modo que a esa otra mujer. Quizá sea esa la diferencia entre amor y deseo” Esa frase da paso a reafirmar la posición de Allen como una mano firme ante las relaciones extramatrimoniales y al sexo (que en esta película aparece de forma mucho más explícita que en las dos anteriores, algo inusual en la filmografía de Allen). Cuando Chris se da cuenta de que ambas mujeres están enamoradas de él, no sabe a quién ama o mejor dicho, a quién ama más. Es una situación conflictiva pues como auguraba Isaac en “Manhattan”, habiendo tomado la decisión de estar con dos mujeres, y Nola la de estar con un hombre casado al final “siempre acabas pagando las consecuencias”. En este caso, el coste es la vida misma.

 Lo que ocurre es que no llegamos a saber con total certeza si Chris se engaña a sí mismo respecto de aquello que siente por Nola porque ante todo él es un hombre egoísta que busca su propio beneficio. Es cierto que el cargo de conciencia que recae sobre él es enorme por asesinar no sólo a Nola sino a su futuro hijo, pero aún así él decide hacerlo de forma más o menos calculada. Escoge lo correcto, pero lo correcto para mantener su nivel de vida, nada más que eso, lo demás son daños colaterales. Él mismo dice así en su juicio moral particular ante la ensoñación de Nola ya muerta: “No fue fácil, pero al llegar el momento, pude apretar el gatillo. No conoces a tus vecinos hasta que hay una crisis. Aprendes a esconder la conciencia bajo la alfombra y seguir. Tienes que hacerlo. Sino aquello te supera”

Lo imprevisible juega un papel importantísimo, la libertad de decisión del hombre, aquello que nos diferencia de los animales, el raciocinio ante los instintos es lo que debe anteponerse en muchos momentos de nuestra vida, pero no somos perfectos. Somos eso, seres humanos que cometen errores, que no siempre toman la decisión correcta. Algunos de nosotros tenemos más suerte que otros, es algo indudable, puede que ese sí sea un designio mayor o puede que sea en realidad algo totalmente azaroso.

 No debemos olvidar que según Woody Allen: “la vida es triste, es irónica. Lo que quiero decir, es que no se puede reducir la vida a una sola cosa. A veces la vida puede ser maravillosa, pero el resto del tiempo es horrenda y también triste”. Esto lo dijo en 1986 ante Godard en el documental ya mencionado, “Match Point” se rodó veintiún años después y ese sentimiento de repugnancia e injusticia moral seguía presente.

 La conclusión final sería la misma que plantea Dostoyevski en “Crímen y castigo” y es que como seres humanos el único castigo real, cruel y ajustado a nuestros actos, será ni más ni menos que nuestra propia capacidad de raciocinio, pues será ella la que conseguirá torturar nuestras conciencias hasta volvernos locos tengamos suerte o no en el ajusticiamiento del mundo físico.

Comments
2 Responses to “En la silla de Woody Allen: La suerte de seguir vivo”
  1. Ángel Almazán dice:

    Yo creo que Woody Allen es el “gran bufón psicoanalista” del cine. Se mofa de sí mismo por doquier y de esa manera deja de tomarse en serio y sobrevive a su pesimista visión del mundo. El cine es su terapia psicoanalítica. Sin el cine, posiblemente, no habría sobrevivido a sus “depresiones”… Es un juglar también.

  2. Adriano dice:

    Buena Diego! me encanta woody allen :D

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