En la silla de Pedro Almodóvar: de pasiones, provocaciones y otras genialidades

El cine de Almodóvar recoge todos los vicios de una sociedad que se libera y, por fin, vive sin ataduras. Es un cine reflejo del universo que le rodea, una fotografía en movimiento de las gentes de la España del momento.

Las primeras películas del manchego, con apenas presupuesto, son una ruptura del cine español hecho hasta el momento; y serán, los clásicos del cine hollywoodiense, una gran influencia a lo largo de toda la filmografía del calzadeño. Directores como Hitchcock y Hawks serán un referente a la hora de mezclar las formas del pasado con los temas de rabiosa actualidad. Esto lo vemos en la evolución de un cine de Almodóvar que pasa de lo más experimental como en Pepi,Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) o Laberinto de pasiones (1982) a un cine más noir como La ley del deseo (1986) o Tacones lejanos (1991) propio de los influjos de los autores clásicos.

La estructura y temática del cine negro se entremezcla con los del melodrama y, es aquí donde el cineasta gana personalidad para sus películas. Un claro ejemplo es Kika (1993), donde Nicolás Pierce (Peter Coyote) es un asesino en serie oculto que relata sus asesinatos en sus novelas y el los guiones para el programa que presenta la psicóloga Andrea “Caracortada” (Victoria Abril); la Rebeca (Victoria Abril) de Tacones lejanos (1991) oculta el asesinato de su marido, del que asume la culpabilidad su moribunda y famosa madre Becky del Páramo (Marisa Paredes); en la historia homosexual, La ley del deseo (1987) Antonio (Antonio Banderas), el joven amante de Pablo (Eusebio Poncela), mata en un ataque de celos a Juan (Miki Molina) y luego se suicida. La eliminación del tercero en discordia siempre está presente en el cine “negro” del manchego.

Otro género presente de forma continuada, sobre todo en las primeras películas del director, es la comedia. Siempre utilizará en sus films, un humor muy corrosivo. Recordada es la aparición de la madre del director, Paquita Caballero, en muchas de sus películas, entre ellas en Kika (1993) dónde presenta un programa de crítica literaria y en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) manteniendo una conversación sobre los suicidios del pueblo al que pertenecen con la suegra de la protagonista (Chus Lampreave); en esta última película, también es recordada la escena en la que Gloria (Carmen Maura) da en adopción a su hijo de doce años a un dentista que acaba de conocer o el asesinato de su marido con un simple hueso de jamón. Este tipo de humor tan surrealista ha sido tomado, según el director, de la influencia del cine de Buñuel.

Sánchez-Alarcón hablando de las claves del cine almodovariano hace una distinción al hablar de lo surrealista: “el cine de Almodóvar se caracteriza por una mezcla de elementos reales e irreales, pero la realidad que marca su filmografía debe entenderse como artificio, y no como fantasía” Según Molina Foix, este artificio “no significa la hiperbolización de su obra”. Y es que es un artificio que no despista al espectador a la hora de interpretar la transformación paródica y transgresora que hace de temas propios de la cultura cañí predemocrática.

Sin querer profundizar más en el profuso entramado que es el cine de Pedro Almodóvar, sólo es necesario subrayar la variedad de géneros con los que se juega. Escenas de thriller, comedia, melodrama o costumbrista combinadas en un mismo film hacen de la obra almodovariana un genero en sí mismo. La dificultad de poner nombre a este tipo de cine ha llevado a los estudiosos a denominarlo como “naturalismo surrealista” o, de manera más fácil, denominarlo con un término acuñado por Molina Foix: almodrama. Lo cierto es que, en las últimas películas del director manchego, hay cada vez una mayor inquietud por la vida y la muerte, lo que le lleva a ser cada vez más dramático y a que sus películas tengan unos tonos cada vez más oscuros y menos coloristas si los comparamos con sus primeras obras.

Las protagonistas de los films almodovarianos tienen un acusado visceralismo que se ve reflejado en los principales problemas a los que se enfrentan: abandono familiar, relaciones familiares y generacionales difíciles, crisis de identidad y desamor.

El abandono familiar es una idea que Almodovar nunca descuida y lo vemos reflejado en películas como Tacones Lejanos (1991) en la que Becky del Páramo (Marisa Paredes) abandona a su hija Rebeca (Victoria Abril) cuando es una niña y vuelve años más tarde intentando recuperar los años perdidos; en Volver (2006) ocurre algo similar cuándo Irene (Carmen Maura) desaparece sin dejar rastro y abandona a sus hijas Raimunda (Penelope Cruz) y Sole (Lola Dueñas) para volver como un “fantasma” años más tarde. Las relaciones familiares difíciles, especialmente entre mujeres (madres e hijas), no siempre aparecen de forma explícita pero, al menos, podemos intuir el comportamiento de una madre que huye de sus responsabilidades (en La ley del deseo, Ada (Manuela Velasco) es abandonada por una madre interpretada por Bibiana Fernández). Los traumas presentes en los films del manchego siempre se suelen remontar a la niñez de los personajes.

La crisis de identidad, en especial relación con la transexualidad se ve reflejada en el dualismo sensibilidad-fuerza. Un ejemplo lo tenemos en la Tina (Carmen Maura) de La ley del deseo (1986), en el que tanto su cuerpo como su mente de hombre-mujer ofrecen una dualidad que refuerza al personaje. Esta búsqueda incansable de la identidad es un rasgo causado por la ruptura de un núcleo familiar y es, ésta carga emocional, uno de los motores principales para dotar de más carga trágica a los personajes (Agrado de Todo sobre mi madre).

Almodóvar tiene una clara predilección por la mujer que soporta el dolor y se sobrepone a él. Mujeres que son capaces de entregarse a la más oscura de sus pasiones sin que el miedo o las indecisiones las paralicen y que luchan contra una sociedad conservadora y puritana que las critica y observa con lupa. Las relaciones amorosas presentan siempre un componente de fracaso. La pasión y el amor que los personajes almodovarianos sienten, los convierte en héroes o heroínas capaces de hacer cualquier cosa por sus sentimientos. Casi siempre, este amor se transforma en un fracaso.

Palabras malsonantes y escandalosas frases se alternan y complementan con un humor indiscutiblemente rompedor que evidencian la actitud provocadora y desinhibida del cineasta. Podemos afirmar, que su obra prima Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) es la obra más potente a la hora de plantear unos diálogos subidos de tono.

No desaparecen de las obras del calzadeño los toques pop y kitsch del que, de este último, ha llegado a decir el director que “es la glorificación del mal gusto de lo cotidiano elevado a la categoría de algo artístico”. Estos estilos se adueñan e incorporan para las películas de Almodóvar, objetos de referencia de nuestra cultura así como la inclusión de la iconografía más cañí: toros, folclóricas, jamón serrano…

Si atendemos a costumbres de imagen, Pedro Almodóvar apuesta por la cámara al hombro (ahora cada vez menos), encuadres amplios, planos medios y picados y juego de reflejos. Esta última característica aparece en todas las películas del manchego, juega con los reflejos en ventanas, charcos, objetos de metal, visión a través de unas gafas, de una vidriera, del retrovisor del coche, etc.

Estas son algunas de las características siempre presentes en el cine de Pedro Almodóvar que podemos resumir de forma fácil: variedad de géneros dentro de una misma obra aportada por los personajes, influjos de autores clásico del cine hollywodiense, personajes femeninos con una gran carga emocional y visceralidad, abandono familiar y problemas de identidad de los protagonistas, importancia de la imagen y potenciación de la personalidad gracias al color, los decorados y la estética Pop- Kitsch. Un cine elaborado, con una gran carga social y presencia internacional.

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